Paul McCartney

Paul McCartney, 75 años del Mozart de nuestro tiempo.

Este domingo cumple 75 años el creador de “Yesterday” y “Eleonor Rigby”.

Sir Paul James McCartney es una persona sencilla. Aparentemente sin pretensiones, con un extraño sentido del humor. Muchas veces me pregunto a mí mismo si se parece demasiado al Mozart que fotografiaba Milos Forman en Amadeus. Pero no, no puede ser. Debe ser cosa de los genios. Al cabo de los años ya no me cuesta detectar el verdadero carácter del Mozart del siglo XX ,como le llama Bono, el cantante de U2.

Desde que le nombraron Caballero del Imperio Británico, mis frecuentes encuentros con el ex beatle me permitieron la pequeña ironía de referirme a él como sir Paul. No le gustaba la broma absolutamente nada, así que cada vez que me veía se vengaba y me saludaba con sorna: “Hola, señor”, en casi perfecto castellano.

El carácter de Paul no admite bromas. Puede ser egocéntrico, aunque se esfuerza mucho en no aparentarlo. Va de chico joven por la vida, aunque cumpla este domingo 75 años. Paul consigue fácil con su doble retórica las dos caras del típico Géminis. Puede ser el hombre más maravilloso y puede ser Paul el rencoroso, el mezquino, del que dicen sus administradores que es capaz de contar en peniques y no en libras, dada su constancia por la avaricia.

¿Cuál es el sentimiento de Paul con respecto a los Beatles? Su ego puede traicionarle pero ahora está más sensible que nunca. Me contó que se le puso un nudo en la garganta cuando alguien le dio a firmar un autógrafo -algo que odia- en una fotografía antigua de los cuatro Beatles. Se dio cuenta de que al grupo más grande de la historia ya no le quedaban más que Ringo y él mismo. Y eso es como una tragedia para alguien que cree en la felicidad perpetua.

Como otra historia que ocurrió en Roma. Paul viajaba en su “luna de miel” con Heather, su polémica segunda esposa. Estaban tomando una copa en el bar del hotel cuando el pianista anunció que iba a tocar una de las grandes canciones de los Beatles, Yesterday, maravillosamente compuesta por el desaparecido John Lennon. Hay que entender la rabia de Paul, que a partir de ese momento trató de firmar sus canciones McCartney-Lennon. Una batalla perdida. Fue el último gesto de discordia entre Yoko y Paul. Incluso le negó el permiso de incluir en un recopilatorio algunas canciones de amor que escribió Paul con los Beatles.

Desde lo de Roma, Paul lleva una cruzada para reivindicar las obras maestras que escribió durante el tiempo de los Beatles. Y Yesterday es ciento por ciento Paul. Ha pedido a Yoko Ono cien veces que al menos esta canción se la dejara firmar como “McCartney-Lennon”. Pero Yoko le dijo que si viviera John, a lo mejor se lo pediría, pero John ya no está entre nosotros. Paul no ha superado un trauma que dura ya más de 36 años. Desde el asesinato de John, Paul no es el bueno de los Beatles. John siempre será el héroe.

Me contó como pasó su últimas horas con George Harrison. Me narró la escena con cierta ternura paterna. La misma que aplicó toda su vida a George, al que sólo le sacaba un par de años. Pero me dijo que estuvieron más de una hora con las manos juntas, sin despegarse, contando y riéndose con algunas viejas anécdotas. Paul no lloró. Es muy difícil ver llorar a Paul.

Está muy cerrada la cortina del misterio de dónde murió George Harrison en Los Angeles. Paul no me lo contó al detalle. Me dejó entrever que George murió en su propia casa, en las colinas de Beverly Hills, una casa que le había comprado a Courtney Love, la esposa de Kurt Cobain y que tras el divorcio, Heather se la quitó de encima. ¿Por qué George murió allí? Porque estaba muy cerca del hospital de UCLA, donde George recibió los últimos tratamientos de su cáncer. Las cenizas no sólo fueron esparcidas en el Ganges, también en Hawai, donde Harrison tenía una casa en la que pasaba mucho tiempo, enamorado incluso del ukelele.

Paul asegura que siente gran respeto por Yoko porque era la mujer de John, pero eso no significa que exista una relación cordial o sentimental. Sólo se trata de una afectiva línea de negocios.

No sabe realmente si con los años se pierde la genialidad. Jamás discierne cuando acaba de componer una canción si va a ser un clásico o un mal tema. Para él, la genialidad es un misterio. Es un personaje muy extraño con el que es muy difícil hablar o entenderse, incluso explicarle algo. Es imposible. Mejor dejarle solo. Lo único que se le puede decir es que has sido honesto con lo que has hecho.

Nunca será viejo

La primera vez que hablé en mi vida con Paul McCartney fue en Cardiff en 1973. Eran las siete y media de la tarde, llovía y a pesar de la hora se le ocurrió decir “good morning”, con un Joaquín Luqui embelesado, tan nervioso que llevaba el paraguas abierto a pesar de que estábamos bajo techado.

Paul lucha constantemente por conservar una auténtica apología sobre el legado de sus Beatles, sus Wings y su indomable espíritu competitivo, aunque sus 75 años puedan ser una cuerda rota en su guitarra. Paul parece todavía un principiante. Lleva años y años de viajes promocionales, acercándose a los periodistas, a la radio, a la televisión. No se cansa de las entrevistas.

En una de ellas, estaba en un hotel de Birmingham a propósito de uno de sus últimos discos. Me puse algo sentimental y le confesé que me había hecho pasar horas y horas tan felices con su música que no me quedaba más remedio que darle las gracias eternamente. No pude contenerme y se me escaparon unas lágrimas.

Me confesó que concede entrevistas porque le sirve para saber realmente lo que piensa. Fue un consejo en su día del actor Peter Ustinov. Confiesa que esas reflexiones sobre sus ideas, sus pensamientos y sus obras le confortan como simple ser humano.

Paul no se va a retirar nunca. Ha decidido trabajar en la música hasta que se muera. No tiene otra salida. No tiene otro remedio. Ignora si durará mucho o poco. No se lo cuestiona siquiera.

Y señala: “Por supuesto que me miro en el espejo. Pero no me planteo la pregunta de si estoy muy viejo o no.Ya sé la edad que tengo. Hace mucho que cumplí los 21 años. Esa no es la respuesta a todas las cuestiones”.

Paul sabe que la eternidad siempre estará enamorada de las maravillosas creaciones artísticas. Y también sabe que él ha hecho algunas… o bastantes.

Fuente: Elmundo.es

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Ricardo Valenzuela

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